Irene Meler
Eva Giberti murió, luego de haber vivido una larga vida creativa y productiva. Como todo ser
humano, atravesó por momentos de desolación y de peligro, por rupturas y pérdidas. Pero sus
logros superaron con creces los aspectos dolorosos de su existencia, por lo que considero
corresponde celebrar el legado que dejó.
Estudió psicología cuando ya se había titulado en Trabajo Social, y ese compromiso con el
semejante desfavorecido estimuló la comprensión contextualizada del sufrimiento psíquico,
que siempre la caracterizó. Pero no fue solo una observadora analítica, sino que luchó de
forma activa para promover la salud mental y los vínculos equitativos, en especial en los
ámbitos familiares, donde las asimetrías de poder cursaban de forma naturalizada.
El período en que desarrolló su labor la convirtió en pionera, y en esa condición ha servido
como modelo para muchas estudiantes, que carecíamos de figuras de identificación que nos
asistieran en nuestro desarrollo profesional. Psicología era una carrera nueva, feminizada y
subalternizada, en tanto se pretendió que tuviéramos una función auxiliar de la psiquiatría. La
asertividad y la combatividad de Eva, cumplió con un rol de importancia histórica para el
desarrollo de la agencia y la autoría de varias generaciones de mujeres profesionales.
La creación de la Escuela para Padres de la Facultad de Medicina le permitió desarrollar una
amplia tarea de educación popular, mediante la que promovió un cambio en la mentalidad
dominante, favoreciendo una crianza más democrática y menos violenta, acorde con el
proceso de modernización. La difusión de conceptos psicoanalíticos fue objetada por el
establishment de la época, en tanto se malinterpretó como un intento voluntarista de
controlar las determinaciones inconscientes, los conflictos con los que trabaja el psicoanálisis.
No fue ese el propósito, nunca se pretendió suplir mediante la información, la necesaria
elaboración psíquica. El objetivo consistió en facilitar un cambio cultural tendiente a la
democratización familiar.
Investigó con detenimiento el tema de la adopción, y además de las publicaciones sobre esa
temática, creó un dispositivo abierto a la comunidad, el Foro de Adopción, en la Asociación de
Psicólogos de Buenos Aires, donde se brinda asesoría a los adoptantes.
Se interesó también por la reproducción médicamente asistida, y compiló una obra colectiva
que aportó al estudio interdisciplinario de ese tema.
Pero donde enfocó sus esfuerzos en los últimos años, fue en un programa gubernamental, “Las
víctimas contra las violencias”, donde en el marco de un gobierno popular, sensible a la
subalternización de las mujeres en las relaciones de género, elaboró un dispositivo de atención
a las mujeres víctimas de violencia masculina, donde además de la provisión de asistencia en la
urgencia, se estimuló la agencia femenina y el empoderamiento contra los abusos. Ha
padecido la clausura de ese programa, cuya responsabilidad cabe a un gobierno hostil a los
proyectos igualitaristas. Pero lo sembrado suele dar retoños cuando menos se lo espera.
Integró el Comité Asesor del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos y
Psicólogas de Buenos Aires, un espacio que he coordinado desde su fundación, destinado a la
investigación, la docencia y la difusión de conocimientos del campo interdisciplinario de los
estudios de género, haciendo foco sobre el estudio de las subjetividades desde una
perspectiva psicoanalítica, necesariamente revisitada para su actualización.
La reflexión y la acción eficaz han estado siempre unidas en la trayectoria de Eva Giberti,
donde la investigación, la docencia, las publicaciones y el activismo han formado lazos
inescindibles.
Corresponde a las generaciones más jóvenes continuar con un ejercicio profesional
comprometido con las necesidades de las mayorías, y diseñar dispositivos que promuevan la
salud mental, un propósito que solo es posible en un contexto de equidad.
